Esta mañana todo pareció un día normal, como todos. De hecho son muy muy pocos los hechos que me sacan de la rutina, y hoy sucedió uno de esos.
Diez de la mañana, suena el despertador (“¡merd, me quedé dormido de nuevo!”). Desayuno haciendo zapping (y como no tengo cable), mirar como todos los magazines baratos lo único que hacían era hablar de lo que había hecho la pelotuda de la nazarena vélez en el programa de Tinelli. Obviamente era la noticia del día, el tema del que hablarían todos los programas que ve la gente con media neurona.
Pero bueno más allá de eso, emprendí el viaje a la oficina. Odio el colectivo 80 abarrotado de gente, y la misma gente que se pelea para bajarse primero, y salir corriendo (literalmente) hacia la boca del subte de Los Incas, como si un extraño llamado proveniente de ahí abajo les dijera “apuráte, se te escapa la rutina, estás en Buenos Aires”.
Todo era bastante rutinario, lo que necesariamente lo hace “normal”.
Posteriormente a eso, me dispuse a sacar el subtepass, pero después en un momento de lucidez (Todavía me duraban los efectos del sueño) me acordé de que me había comprado ayer una de esas tarjetitas de 10 viajes y que la tenía en la billetera. La lucidez duró menos de un minuto porque me me la había olvidado en mi casa, tras mucho revolver en la mochila.
Me dispongo a hacer la fila nuevamente, tras esos breves momentos, las tres personas de espera, se habían transformado en 15 aproximadamente.
Bueno, empezaba a ponerme de mal humor pese a que me decía para mis adentros (no no, que vas a terminar abducido por la rutina y el mal humor como los demás). En ese momento se me acercó un hombre bien vestido, aunque informal, de unos 30 años aproximadamente, que me dijo “me podés avisar cuando me toca sacar el pase”? Cosa que me pareció bastante extraño.
La fila siguió avanzanzó un poco, y veo algo así como un ruido, miro para atrás y al hombre que mencioné lo estaban empujando mientras dos tipos trajeados con estúpidos aires de grandeza le decían “¿no ve que tiene que avanzar?”. El hombre simplemente respondió “no, no veo” al tiempo que sacó de una bolsa un bastón blanco plegable.
Los machotes trajeados obviamente lo miraron y no emitieron ni siquiera una palabra de disculpas al hombre ciego.
Bueno la fila siguió avanzando, y en esos momentos me pregunté para mis adentros si en éste país generoso las personas que tienen algún tipo de incapacidad física como el hombre de atrás no tenían siquiera un pase libre para el subte que los liberase de esta clase de problemas.
Llegó mi turno, saqué la bendita tarjeta de dos viajes (de pedo tenía unos benditos 6 pesos del vuelto del café de la facu del día anterior en el bolsillo del saco), y le dije al hombre que era su turno. El tipo tenías las monedas justas y en un momento le dieron su pase.
Me preguntó si no lo podía guiar al molinete y al ascensor.
Como era muy de esperar en este bendito país el ascensor no estaba en funcionamiento, asique lo guié hasta la escalera mecánica.
Cuando pasamos por el molinete, el policía ni siquiera le ofreció ayuda. Era demasiado, estaba escuchando la radio, hablando animadamente con el guardia de la seguridad privada. (“al servicio de la comunidad, ¡que vergüenza!”).
Justo estaba viniendo el bendito subte, y le indiqué donde estaba la puerta. Se sentó al lado mio.
Agarré mi librito para leer (extrañaba mi ipod olvidado en la oficina el día anterior, con el sueño que tenía).
Estaba completamente sumergido el mundo de los hijos de hurín (lo estoy leyendo, Tolkien es taaan grosoo), y el hombre de al lado me habla (había sacado un mp3, y estaba a punto de ponerse a escuchar musiquita por lo que pude ver) para que lo ayude. Quería “la carpeta de Los Fabulosos Cadillacs” en su mp3 y obviamente el display, por más colores que tuviera, estaba totalmente dibujado al pedo a sus ojos. Busqué la carpeta y no había ninguna de LFC (sí tenía sabina, aute, serrat, vicentico, calamaro, y una de los beatles). El tipo puso play a vicentico, y me decía, “pasa que siempre pido ayuda para cargar los temas, la compu me es tan ajena”.
Me quedé como un pelotudo que obviamente no sabía que decirle, uno nunca piensa en las barreras que tienen los demás, por eso mismo decidí que estaba tan idiotizado como el resto, pese a mis esfuerzos constantes por “no enloquecerme de la rutina y la velocidad de la estúpida ciudad).
El tipo prosiguió hablando, “Mi nombre es Carlos, te agradezco por la ayuda, y no tenés que responder nada al comentario de la compu“. Bueno, decididamente yo era un idiota, pero me había tranquilizado, el tipo se rió cuando dijo eso.
Esbocé un “de nada” y me sumergí en el mundo de Hurín y sus hijitos de nuevo, pero de vez en cuando me sentía como atraido de curiosidad por ver como el hombre había sacado varias hojas tamaño a4 blancas membretadas con el logo de “Visa” completamente llenas de relieve braille las cuales supuse que eran un reúmen de cuenta o algo por el estilo, porque salieron de un sobre. El hombre las “leía” (soy tan ignorante en estos temas que no se si es el verbo que corresponde) o “interpretaba”, o lo que sea con sus dedos, y ponía caras de como cuando uno recibe el resúmen de la tarjeta y le agarra pánico.
el subte llegó a la estación Uruguay y yo estaba medio dormido, pero como la señora de al lado, hizo tremendo alboroto (que incluyó un codazo hacia mi persona) para guardar su novela de Danielle Steel en la valija que llevaba y agarrar su tapado (todo sentada, y eso que no era nada pequeña, digamos como que un brazo de ella eran dos mios), me desperté como de golpe y guardé a Tolkien y a Hurín en la mochila.
Llegamos a la estación Carlos Pellegrini (Era la línea B, la roja. yo me guío por los colores =P) y no sonó el típico “Estación Carlos Pellegrini, combinación con líneas C y D” (siempre dije que debería decir “líneas azul y verde en vez de C y D, pero bueno eso es otro tema), asique cuando me preparaba para bajarme, se me ocurrió (no se realmente cómo, estaba muy dormido) pregunarle al hombre ciego, “¿se baja en Pellegrini?” a lo que me respondió con un “sí, pero me avis el altoparlante, quédese tranquilo”. Definitivamente para muchos este país es más mierda que para los demás, pensé y le dije que tenía que bajar enseguida.
Bueno, mientras íbamos a la escalera mecánica, me agradeció y me dijo algo que me dejó pensando “no uso siempre el bastón, no tengo porqué diferenciarme de los de lo demás”. A u vez, subimos hasta la avenida Corrientes y Diagonal Norte y veo que se disponía a cruzar la 9 de Julio, por lo que le pregunté si quería que lo ayudara. En ése momento una señora mayor que estaba al lado lo agarró del brazo, y le dijo que lo ayudara Él tipo cruzó bien, acompañado de la viejecita simpática. Me había quedado parado ahi en el cruze de Diagonal norte y Pellegrini mirando, cuando me di la vuelta, me acordé que en ése mismo paso a nivel había un semáforo de ciegos, “ese que hace tac tac tac tac“. Obviamente ya no estaba ahí, algun boludo sin media neurona lo había hecho mierda.
Me fui caminando hasta la oficina, pensando que país generoso.
Diez de la mañana, suena el despertador (“¡merd, me quedé dormido de nuevo!”). Desayuno haciendo zapping (y como no tengo cable), mirar como todos los magazines baratos lo único que hacían era hablar de lo que había hecho la pelotuda de la nazarena vélez en el programa de Tinelli. Obviamente era la noticia del día, el tema del que hablarían todos los programas que ve la gente con media neurona.
Pero bueno más allá de eso, emprendí el viaje a la oficina. Odio el colectivo 80 abarrotado de gente, y la misma gente que se pelea para bajarse primero, y salir corriendo (literalmente) hacia la boca del subte de Los Incas, como si un extraño llamado proveniente de ahí abajo les dijera “apuráte, se te escapa la rutina, estás en Buenos Aires”.
Todo era bastante rutinario, lo que necesariamente lo hace “normal”.
Posteriormente a eso, me dispuse a sacar el subtepass, pero después en un momento de lucidez (Todavía me duraban los efectos del sueño) me acordé de que me había comprado ayer una de esas tarjetitas de 10 viajes y que la tenía en la billetera. La lucidez duró menos de un minuto porque me me la había olvidado en mi casa, tras mucho revolver en la mochila.
Me dispongo a hacer la fila nuevamente, tras esos breves momentos, las tres personas de espera, se habían transformado en 15 aproximadamente.
Bueno, empezaba a ponerme de mal humor pese a que me decía para mis adentros (no no, que vas a terminar abducido por la rutina y el mal humor como los demás). En ese momento se me acercó un hombre bien vestido, aunque informal, de unos 30 años aproximadamente, que me dijo “me podés avisar cuando me toca sacar el pase”? Cosa que me pareció bastante extraño.
La fila siguió avanzanzó un poco, y veo algo así como un ruido, miro para atrás y al hombre que mencioné lo estaban empujando mientras dos tipos trajeados con estúpidos aires de grandeza le decían “¿no ve que tiene que avanzar?”. El hombre simplemente respondió “no, no veo” al tiempo que sacó de una bolsa un bastón blanco plegable.
Los machotes trajeados obviamente lo miraron y no emitieron ni siquiera una palabra de disculpas al hombre ciego.
Bueno la fila siguió avanzando, y en esos momentos me pregunté para mis adentros si en éste país generoso las personas que tienen algún tipo de incapacidad física como el hombre de atrás no tenían siquiera un pase libre para el subte que los liberase de esta clase de problemas.
Llegó mi turno, saqué la bendita tarjeta de dos viajes (de pedo tenía unos benditos 6 pesos del vuelto del café de la facu del día anterior en el bolsillo del saco), y le dije al hombre que era su turno. El tipo tenías las monedas justas y en un momento le dieron su pase.
Me preguntó si no lo podía guiar al molinete y al ascensor.
Como era muy de esperar en este bendito país el ascensor no estaba en funcionamiento, asique lo guié hasta la escalera mecánica.
Cuando pasamos por el molinete, el policía ni siquiera le ofreció ayuda. Era demasiado, estaba escuchando la radio, hablando animadamente con el guardia de la seguridad privada. (“al servicio de la comunidad, ¡que vergüenza!”).
Justo estaba viniendo el bendito subte, y le indiqué donde estaba la puerta. Se sentó al lado mio.
Agarré mi librito para leer (extrañaba mi ipod olvidado en la oficina el día anterior, con el sueño que tenía).
Estaba completamente sumergido el mundo de los hijos de hurín (lo estoy leyendo, Tolkien es taaan grosoo), y el hombre de al lado me habla (había sacado un mp3, y estaba a punto de ponerse a escuchar musiquita por lo que pude ver) para que lo ayude. Quería “la carpeta de Los Fabulosos Cadillacs” en su mp3 y obviamente el display, por más colores que tuviera, estaba totalmente dibujado al pedo a sus ojos. Busqué la carpeta y no había ninguna de LFC (sí tenía sabina, aute, serrat, vicentico, calamaro, y una de los beatles). El tipo puso play a vicentico, y me decía, “pasa que siempre pido ayuda para cargar los temas, la compu me es tan ajena”.
Me quedé como un pelotudo que obviamente no sabía que decirle, uno nunca piensa en las barreras que tienen los demás, por eso mismo decidí que estaba tan idiotizado como el resto, pese a mis esfuerzos constantes por “no enloquecerme de la rutina y la velocidad de la estúpida ciudad).
El tipo prosiguió hablando, “Mi nombre es Carlos, te agradezco por la ayuda, y no tenés que responder nada al comentario de la compu“. Bueno, decididamente yo era un idiota, pero me había tranquilizado, el tipo se rió cuando dijo eso.
Esbocé un “de nada” y me sumergí en el mundo de Hurín y sus hijitos de nuevo, pero de vez en cuando me sentía como atraido de curiosidad por ver como el hombre había sacado varias hojas tamaño a4 blancas membretadas con el logo de “Visa” completamente llenas de relieve braille las cuales supuse que eran un reúmen de cuenta o algo por el estilo, porque salieron de un sobre. El hombre las “leía” (soy tan ignorante en estos temas que no se si es el verbo que corresponde) o “interpretaba”, o lo que sea con sus dedos, y ponía caras de como cuando uno recibe el resúmen de la tarjeta y le agarra pánico.
el subte llegó a la estación Uruguay y yo estaba medio dormido, pero como la señora de al lado, hizo tremendo alboroto (que incluyó un codazo hacia mi persona) para guardar su novela de Danielle Steel en la valija que llevaba y agarrar su tapado (todo sentada, y eso que no era nada pequeña, digamos como que un brazo de ella eran dos mios), me desperté como de golpe y guardé a Tolkien y a Hurín en la mochila.
Llegamos a la estación Carlos Pellegrini (Era la línea B, la roja. yo me guío por los colores =P) y no sonó el típico “Estación Carlos Pellegrini, combinación con líneas C y D” (siempre dije que debería decir “líneas azul y verde en vez de C y D, pero bueno eso es otro tema), asique cuando me preparaba para bajarme, se me ocurrió (no se realmente cómo, estaba muy dormido) pregunarle al hombre ciego, “¿se baja en Pellegrini?” a lo que me respondió con un “sí, pero me avis el altoparlante, quédese tranquilo”. Definitivamente para muchos este país es más mierda que para los demás, pensé y le dije que tenía que bajar enseguida.
Bueno, mientras íbamos a la escalera mecánica, me agradeció y me dijo algo que me dejó pensando “no uso siempre el bastón, no tengo porqué diferenciarme de los de lo demás”. A u vez, subimos hasta la avenida Corrientes y Diagonal Norte y veo que se disponía a cruzar la 9 de Julio, por lo que le pregunté si quería que lo ayudara. En ése momento una señora mayor que estaba al lado lo agarró del brazo, y le dijo que lo ayudara Él tipo cruzó bien, acompañado de la viejecita simpática. Me había quedado parado ahi en el cruze de Diagonal norte y Pellegrini mirando, cuando me di la vuelta, me acordé que en ése mismo paso a nivel había un semáforo de ciegos, “ese que hace tac tac tac tac“. Obviamente ya no estaba ahí, algun boludo sin media neurona lo había hecho mierda.
Me fui caminando hasta la oficina, pensando que país generoso.
A veces hay cosas que son así pequeñas y todo el tiempo pasan por al lado nuestro y no nos damos cuenta.
saludos a todos,
nikito =)
PD: si vas a mirar a tinelli, pensálo dos veces. Es mejor apagar la tele y agarrar un libro de Tolkien. Recomiendo muuucho Los hijos de Hurín si leiste toda la sarasa anterior.