Bienvenidos a mi espacio. Pasó un fin de semana largo, nada de sueño, mil de cansancio, cero tocar libros. En fin, esa es la parte superficial. El sábado a la noche fuimos a comer a la casa de Nico, un ex compañero de la primaria, en donde comenzamos a juntarnos de vez en cuando TODOS los nenes que egresamos de séptimo hace diez años (éramos 5 igual
). Fede (ex compañero también, ahora chef) cocinó cosas ricas, (Terminé con una sensación similar a cuando te comés tres combos big mac seguidos. Bueh, capaz que uds no sepan lo que es comer tres combos seguidos, pero es altamente recomendable para estados de famelismo, obviamente a principio de mes). Mesa de cinco después de comer, merecía una partida de TEG, cosa que se extendió hasta casi las seis de la mañana, sin terminar.
(odio la mision de destruir al ejército “x”)
Volvíamos taza taza a casa con Dami y Edu (también ex compañeros, aunque Dami es amigote) en el 114, yo me bajo en la Plaza Devoto, saco mi mp3, lo prendo, y empieza a sonar a todo volumen “Supervixen” de Garbage (bájenlo, es una orden!). Estaba algo contento porque a pesar de que eran las seis y media de la mañana, era de noche todavía (odio acostarme de día). Creo que pocas veces en mi vida estuve tan al borde de la hipotermia, Camino dos cuadras hasta cruzar Chivilcoy, cantando en voz alta, tratando de caminar derecho (buee, había tomado cerveza, Fernet marcha corcho, y varios vasos de mi amado Gancia casi puro, sumado a haber fumado un poco de cannabis paraguayo), pensando en lo mucho que deseaba llegar a mi cama, y estar todo tapado. Trataba de hacer todo eso junto al mismo tiempo (ojo que estaba sobrio, eh) y de repente estaba pasando por la puerta del Hospital Zubizarreta y debajo del alero que correspondía a la parada del colectivo 105, veo una escena que realmente me sacó del “estoy helado, quiero cama ya”. Era una de esas escenas que lamentablemente en este país se repiten cada vez más seguido, se trataba de un nene de 7 años aproximadamente. durmiendo en el piso, tapándose la cara con el brazo, inmóvil, como si el frío no lo inmutara, como si el peso de la pobreza sin futuro, lo hubiera curtido para soportar el mero hecho de vivir, y la baja temperatura fuera simplemente sólo una de las muchísimas cosas que implica ese “vivir”. Después de semejante palo con la realidad, dejé de pensar en el frío, si yo me quejaba, ya era de caradura. Pasar el hospital, el café de la Plaza en la esquina, la gente bien de Devoto ya lo ocupaba para desayunar, contrastando con el nene que dormía. Mientras seguía caminando por Lincoln me puse a pensar en hacer un blog, en el cual poner mi propia opinión (la cual es personal, y lo aclaro) acerca de cosas que pasen. Les dejo un saludo grande a todos, sean felices.